Cajal contra los médiums: el científico que quiso desenmascarar el más allá
Tercera entrega de la serie «Santiago Ramón y Cajal y la Hipnosis»
1. De la tertulia al laboratorio de lo inexplicable
El Comité de Investigaciones Psicológicas que Cajal fundó en 1883 no nació únicamente para estudiar la hipnosis. Junto a algunos contertulios del Casino de Agricultura de Valencia —médicos, abogados, amigos de sobremesa—, el histólogo puso en marcha algo que él mismo describió con sorna como una «busca y captura de sujetos idóneos»: personas dispuestas a someterse a experimentos de sugestión, pero también histéricos, neurasténicos y, sobre todo, médiums que por entonces gozaban de gran predicamento social.
El propio Cajal resumió después aquel desfile de personajes con una frase que se ha hecho célebre entre sus biógrafos: por su casa, convertida en sede social del Comité, pasaron «especies notabilísimas de histéricas, neurasténicos, maníacos y hasta de acreditados médiums espiritistas». El proyecto se inspiraba, de hecho, en la Society for Psychical Research fundada en Londres en 1882, lo que da idea de que Cajal no improvisaba: seguía de cerca el movimiento internacional que trataba de someter lo paranormal al método científico.
2. Médiums bajo el microscopio
A diferencia de un curioso ocasional, Cajal no se limitó a asistir a sesiones ajenas. Contrató a médiums para estudiarlos de cerca y, en algún caso, llegó a instalar a uno de ellos en su propia casa —ya en su etapa zaragozana— con el único propósito de observarlo con detenimiento. El caso más citado por sus biógrafos es el de una mujer que aseguraba transmitir mensajes de personajes alemanes fallecidos, decía sentirse inspirada por el arcángel san Gabriel y afirmaba comunicarse a través del espíritu de una hermana monja ya difunta. Cajal, con paciencia de anatomista, terminó desenmascarándola.
Su veredicto sobre este tipo de fenómenos fue, en general, demoledor. Llegó a escribir, en su Historia de mi labor científica (1905), que bastaba con asistir a una sesión de adivinación, de sugestión mental, de doble vista o de comunicación con espíritus para que, «a la luz de la más sencilla crítica», se disiparan como humo todas las supuestas propiedades maravillosas de los médiums. Lo verdaderamente admirable de aquellas sesiones, añadía con su ironía habitual, no eran los sujetos que decían tener poderes, sino la ingenuidad de quienes acudían a presenciarlos.
3. El paralelismo con Houdini
Resulta llamativo que, casi al mismo tiempo, al otro lado del Atlántico, el ilusionista Harry Houdini emprendiera una cruzada muy similar contra los médiums fraudulentos que se aprovechaban del auge espiritista surgido tras las célebres hermanas Fox y las teorías teosóficas de madame Blavatsky. Cajal, como Houdini, entendía que para desenmascarar un truco hacía falta conocer el oficio del propio truco: se interesó por las técnicas de los magos de salón y por los rudimentos de la fotografía trucada, herramientas ambas imprescindibles para explicar racionalmente fenómenos que a primera vista parecían inexplicables.
La comparación no es casual ni forzada: mientras el escritor Arthur Conan Doyle —creador de Sherlock Holmes, paradójicamente— se dejó seducir por el espiritismo hasta defenderlo públicamente, Cajal se situó siempre del lado escéptico, más cercano en espíritu al mago que desmonta el truco que al crédulo que lo celebra.
4. Un balance desigual: éxito en la hipnosis, fracaso en lo paranormal
Lo más revelador de esta faceta investigadora de Cajal es el contraste de resultados. Mientras que con la hipnosis obtuvo curaciones documentadas y repetibles —como se detalló en el artículo anterior de esta serie—, con el espiritismo y lo que hoy llamaríamos parapsicología, el propio Cajal reconoció un fracaso casi absoluto. En sus memorias confesó que, durante aquellas «épicas pesquisas sobre la psicología morbosa», solo se le resistieron tenazmente los fenómenos más extraordinarios, aquellos que rozaban el espiritismo puro: la visión a través de objetos opacos, la transposición sensorial, la sugestión mental a distancia, la telepatía.
Cajal conocía perfectamente la bibliografía internacional sobre el tema —citaba a Ochorowicz, Lombroso, Rochas, Zöllner, Richet, Flammarion o Myers, entre otros defensores de estos fenómenos—, pero jamás logró reproducir sus supuestos resultados. Su reflexión final, formulada casi como una pregunta retórica, resume bien su honestidad intelectual: ¿fracasaron aquellos fenómenos, se preguntaba, quizá por ser sencillamente imposibles?
5. El libro que ardió con la guerra
Toda esta casuística —médiums desenmascarados, hipnosis exitosa, fenómenos irreproducibles— estaba destinada a convertirse en un único tratado: Ensayos sobre el hipnotismo, el espiritismo y la metapsíquica, término este último con el que se conocía entonces a la incipiente parapsicología. Según su nieta, María Ángeles Ramón y Cajal Junquera, el manuscrito estaba prácticamente listo para la imprenta cuando el Instituto de Higiene Alfonso XIII, donde se conservaba, fue bombardeado durante la Guerra Civil. Entre los escombros de aquel edificio se perdió, junto con otros muchos documentos de su archivo personal, uno de los testimonios más singulares que la ciencia española podría haber legado sobre el estudio racional de lo paranormal.
6. Conclusión: el escéptico que se tomó en serio la duda
Lo que distingue a Cajal de un simple escéptico de salón es precisamente el esfuerzo metódico que dedicó a comprobar, antes de descartar. No rechazó el espiritismo por prejuicio, sino después de contratar médiums, instalarlos en su propia casa, estudiar técnicas de ilusionismo y fotografía, y someter cada fenómeno al filtro de la crítica más elemental. El resultado fue un fracaso casi total para lo paranormal y un éxito notable para la hipnosis clínica, una distinción que el propio Cajal supo trazar con una honestidad científica que, más de un siglo después, sigue siendo un modelo de cómo investigar lo extraordinario sin caer ni en la credulidad ni en el desdén.
7. Fuentes y referencias documentales
Ramón y Cajal, S. (1905). Historia de mi labor científica.
Ramón y Cajal, S. (1923). Recuerdos de mi vida. Historia de mi labor científica. Madrid: Juan Pueyo Impr.
El Español (2018). El lado oscuro de Ramón y Cajal: un Nobel fascinado por el espiritismo y la hipnosis.
Historias de la Historia (2017). El libro perdido de Santiago Ramón y Cajal.
Coria, J. (2010). Santiago Ramón y Cajal. Javier Coria (blog).
Alonso, J.R. (2014). Cajal, hipnotizador / Cajal, escéptico. Neurociencia con José Ramón Alonso.
The Conversation / UCJC (2020). Cajal y la hipnosis: una visión desconocida del científico universal.
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